Primera parada del atelier francés: París

No por nada París es la ciudad del amor. El escenario de Rayuela, la obra máxima de Cortázar, pareciera ser un atelier a cielo abierto. Inmersos en arte caminamos por las calles de este destino, el que tantas veces ilustró las películas de Woody Allen. Y nos encontramos con lugares de ensueño, como los Campos Elíseos o la Torre Eiffel y, sin ir tan lejos, con rincones inesperados en algunas esquinas y cafés escondidos.

Los íconos de París


El Louvre ha sido reconocido como uno de los museos más importantes del mundo, consagrando su arte a tiempos anteriores al impresionismo. Con la Mona Lisa como su pieza más famosa y representativa, en realidad sus pabellones ostentan elementos de la cultura egipcia, griega, musulmana y copta, sin mencionar grandes clásicos del impresionismo.


 


Pero el arte en París no está solo bajo techo, sino que se presenta a cada paso que podamos dar a cielo abierto. La Isla de la Cité, cuna de los parisii, la tribu más antigua local, es el hogar de la Catedral gótica de Notre Dame y de la Santa Capilla o Sainte Chapelle, otro edificio también del mismo estilo. Notre Dame data del año 1345; habiendo tardado más de doscientos años en construirse y sido sede de la coronación de Napoleón, hoy ostenta el contraste de sus formas junto a la naturaleza de los cerezos en flor. También es posible visitar sus criptas, cuyo descubrimiento fuera solo hace cincuenta años atrás.


 


El Sena es otro símbolo que atraviesa la ciudad y ofrece paseos nocturnos en barco, para poder apreciar realmente a la “ciudad de las luces”, cuyo espíritu se refleja sobre el río. Ha sido retratado en obras impresionistas de Manet, Renoir, Degas y Cézanne. A su paso podemos encontrar a las otras dos islas enmarcadas por la urbe, que acompañan a la Isla de la Cité: la Isla de Saint Louis y la Isla de los Cisnes.


 


La bohemia parisina


 


Montmartre village es un barrio que se ubica a 130 metros de altura, sobre una colina. Sus calles rebosan de arte en vivo, pintores de diferentes estilos se superponen con muestras de street art local. Callejuelas empedradas que nos acercan de a poco a la Basílica del Sagrado Corazón (Sacre-Coeur) completan el conjunto. Como lugar de destino del famoso Moulin Rouge, con su molino típico, este barrio es un paso obligado para quien visita en búsqueda de un sinfín de colores y texturas.


 


Melodías de todos los tiempos


 


La arquitectura, el arte y la historia se mezclan con hermosos jardines como el de Luxemburgo o el de Des Plantes, e infinidad de librerías como la de Shakespeare en la Rue de la Boucherie. París es un lugar para no cerrar los ojos jamás, mientras recordamos las melodías de Edith Piaff o Joe Dassin e intentamos grabar cada instante, cada uno de sus detalles dignos de recuerdo.





 

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