Una ráfaga fresca en Francia: la Virgen de Lourdes

En los Pirineos Franceses, a orillas del río Grave, se halla la gruta de Massabielle, lugar donde apareció la Virgen de Lourdes por primera vez, manifestándose diecisiete veces más.

La afortunada de asistir a estos eventos en todos los casos fue Bernardette, originalmente Marie Bernard de Soubirous, también conocida como Santa Bernardita, quien fuera canonizada en 1933 por el papa Pío XI, y que hoy descansa en su urna de cristal, en el convento de San Gildard de Nevers. Dicen que su cuerpo se encuentra milagrosamente intacto, sin mostrar cambio alguno desde su fallecimiento.




Santa Bernardita y la Virgen de Lourdes


Bernardita, aunque había tenido un buen pasar en su infancia, era una adolescente pobre. Abnegada por su amor a Dios, en aquel momento rezaba para poder recibir su primera comunión. La Virgen le prometió hacerla feliz no en este mundo, sino en el otro y, de hecho, Bernardita falleció enferma a sus 35 años, luego de haberse ordenado como hermana en un convento. En otra de las apariciones que presenció Bernardette, la Virgen María se le presentó como “la Inmaculada Concepción”, palabras que ella en su momento no entendió y corrió a repetir al párroco. Venerando completamente a La Virgen de Lourdes, Santa Bernardita consiguió que se construyera una capilla en su nombre. Hoy, el santuario es el segundo en visitas católicas luego del Vaticano.


No solamente las visitas se deben a la historia de Bernardita, sino que también la Virgen de Lourdes se ha convertido en patrona de los enfermos. Desde 1858, en una de las apariciones brotó un manantial de agua en la gruta de Massabielle, al que muchos fieles atribuyen propiedades curativas. Se trata del lugar donde la Iglesia ha corroborado más sanaciones físicas, exactamente sesenta y nueve. No existe un número de sanaciones espirituales, pero han debido de ser muchas más y, por esta razón, millones de peregrinos visitan el lugar año tras año.


El complejo del Santuario


El complejo arquitectónico combina los estilos neo-bizantino, románico y gótico. Arcos de medio punto, mosaicos, dorados y rosetones forman parte del hermoso conjunto artístico de las construcciones. El entorno natural de los Pirineos, con su vegetación y las verdes aguas del Río Gave, completan un paisaje digno de deleite, un marco ideal para la veneración de la Virgen de Lourdes.


El Santuario está conformado por tres basílicas: la Basílica del Santo Rosario, la Basílica de la Inmaculada Concepción y la Basílica de San Pío X. También se incluye la Capilla de la Reconciliación.


La gruta: lugar de veneración


Más allá de la grandilocuencia del complejo del Santuario, la gruta sigue siendo el centro de las visitas, su corazón. Allí se conserva una imagen de Nuestra Señora de Lourdes. El lugar también es destino de las velas que encienden los peregrinos, conmemorando una de las apariciones de la Virgen, a la cual Bernardita asistió con un cirio bendito.


El Castillo de Lourdes


Con sus más de mil años de historia, el Castillo de Lourdes invita a viajar en el tiempo. Sucesivamente, fue residencia condal, fortaleza, prisión real y cuartel, y ha sabido hacer frente al paso del tiempo y a innumerables asedios, hasta convertirse hoy en el Museo Pirenaico. La fortaleza también ofrece desde sus murallas un panorama de la ciudad, el Santuario y los Pirineos.



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