Tierra Santa, Eterna.

Trigo, Cebada, Uvas, Higos, Granadas, Olivas y Miel. Esas eran las especies de la Tierra Prometida de Yahveh hacia Abraham y sus descendientes. Pero el espacio que llamamos Tierra Santa es más extenso, y tiene mucho más para ofrecer. No solamente el pasado y la historia nos aguardan en Nazareth, Tiberíades, Belén y Jerusalén; sino que también nos esperan vivencias relacionadas con la fuerte presencia actual de Jesús, María, los apóstoles y la Iglesia, que recibe a miles de fieles de todas partes del mundo.

El peregrino que llega a Tierra Santa vive un antes y un después. La sacralidad de un territorio digno de salvación, logra la pureza de las almas y fortalece las creencias. Y en nuestro camino nos encontramos con puntos icónicos que merecen nuestra atención como: 



  • El Monte Sion, cuna espiritual del cristianismo, que se encuentra localizado fuera de las murallas de la vieja ciudad de Jerusalén.

  • La Basílica de la Anunciación, la iglesia católica más grande en todo oriente medio, ubicada en Nazareth. Este lugar es muy especial, porque marca el punto exacto donde la Virgen María recibió al arcángel Gabriel, anunciando la llegada del niño Jesús.

  • Yardenit, en Tiberíades a orillas del Río Jordán donde Jesús fue bautizado. En el mismo lugar podemos encontrar la Iglesia de San Pedro.

  • Jerash (Jordania), la “Pompeya Asiática”, guarda restos de la época del imperio romano. También conocida como Gerasa, es el segundo lugar más importante en arquitectura romana luego de Italia, y conserva trece iglesias y su Catedral, todas ellas dignas de recorrer.

  • Petra es el destino más elegido en Jordania. Se trata de una ciudad excavada y esculpida en piedra, de ahí su nombre. Desde 1985 forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Habiendo atravesado los períodos edomita, nabateo, romano y bizantino, Petra es una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno.

  • En Belén, la Basílica de la Natividad, ubicada frente a la Plaza del Pesebre, donde Jesús nació, un lugar muy especial en el que todos dedican oraciones y solicitan encomiendas especiales.

  • En la ciudad vieja de Jersualén, muchos fieles recorren las estaciones de la Vía Dolorosa, llegando a la Iglesia del Santo Sepulcro y por último al Calvario. El Cenáculo, donde se realizó la última cena y el Monte de los Olivos también merecen nuestra atención.


En Tierra Santa, las oportunidades para reencontrarnos con nuestra fe cristiana de la manera más vívida que podamos imaginar, son ilimitadas. Este territorio, sagrado no solamente para los cristianos, sino también para los musulmanes y judíos, es santo desde que el Arca de la Alianza fuera depositada en el Templo de Jerusalén, y lo seguirá siendo, por toda la eternidad. 


 

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